Versos sueltos
jueves 25 de agosto de 2011
jueves 28 de julio de 2011
GRANADA
GRANADA
Oh, Granada, vieja ciudad bañada
por los aires de la Sierra Nevada,
y que siempre descienden sin descanso
por el abrupto macizo montañoso,
fiero monarca de la alta montaña,
de toda la Andalucía y de España.
Oh, Granada, tu historia y tus culturas,
Son sarracenas moras y cristianas.
Y tu reino Nazarí fue el final
de un prolongado tiempo del Islam,
en las noble y bellas tierras de España.
El último y triste Sultán Nazarí.
Rey que le tocó rendir y entregar
la ciudad de Granada, ¡su ciudad!
Al triste y desdichado Boabdil.
Granada, antigua ciudad andaluza,
sobre una suave colina se extiende
el más sublime palacio de España.
Granada tus palacios del Alhambra,
y tus jardines del Generalife.
pues no hay otro lugar de más belleza,
que lo consigan igualar, ni aquí,
ni en otro sitio, fuera de España.
Llegar hasta el Alhambra, es lo mismo
que conocer el paraíso en la tierra.
Es un recinto la luz y esplendor
Henchido de brillantez y sosiego,
armonía, agua, y mucha fantasía,
arte, amor, creación y poesía.
Generalife, palacio de verano,
cubierto de perfumes y silencio.
con las flores exhalando fragancia,
el murmullo de agua pura cayendo
sobre las antiguas y bellas fuentes,
fluyendo y corriendo por las acequias.
Componiendo una sinfonía en agua
voluptuosa, que llora con sentimiento,
el clamor y dolor, el de sus antiguos
moradores, que sin querer tuvieron
que perder el encanto de esta belleza.
Que cuando llegó el siglo diecinueve,
después más tarde, principios del veinte,
los poetas, los músicos, pintores,’
y los prosistas, de muchas naciones,
seducidos por tu embrujo han viajado,
para conocer tu magia y belleza,
de tu histórico y brillante pasado.
¡Oh, preciosa Granada, que tu vega
ya riega el agua de Sierra Nevada
Juntos al río Darro y el Genil,
que van a morir al Guadalquivir.
En Granada, todavía se escucha
el afligido llanto y el clamor.
¡Pido Silencio! Señor, que dolor!
¡Los sanguinarios han matado al más
grande y magnánimo de los poetas!
¿Y cuál fue tu delito, Federico?
¡Sentir pena por el dolor humano,
de los menesterosos y olvidados!
Vosotros sádicos sois los culpables,
miserables y viles asesinos,
pues fueron los mismos, que Federico,
también en Granada asesinaron,
a la liberal Mariana Pineda,
solamente por hecho, de bordar
la noble bandera de la libertad.
Aconteció en Granada, en su Granada.
La que Federico inmortalizó
en su valientes obras de teatro.
¿Pero cuáles fueron tus delitos,
defender con tu sensibilidad
la razón, justicia y la libertad,
y que se pueda saber la vedad?
Infernales y mil veces maditos.
Si, fueron los mismos reaccionarios,
los asesinos de siempre, los mismos,
que mataron a Mariana Pineda
con cerca de un siglo de diferencia.
Oh, Granada, vieja ciudad bañada
por los aires de la Sierra Nevada,
y que siempre descienden sin descanso
por el abrupto macizo montañoso,
fiero monarca de la alta montaña,
de toda la Andalucía y de España.
Oh, Granada, tu historia y tus culturas,
Son sarracenas moras y cristianas.
Y tu reino Nazarí fue el final
de un prolongado tiempo del Islam,
en las noble y bellas tierras de España.
El último y triste Sultán Nazarí.
Rey que le tocó rendir y entregar
la ciudad de Granada, ¡su ciudad!
Al triste y desdichado Boabdil.
Granada, antigua ciudad andaluza,
sobre una suave colina se extiende
el más sublime palacio de España.
Granada tus palacios del Alhambra,
y tus jardines del Generalife.
pues no hay otro lugar de más belleza,
que lo consigan igualar, ni aquí,
ni en otro sitio, fuera de España.
Llegar hasta el Alhambra, es lo mismo
que conocer el paraíso en la tierra.
Es un recinto la luz y esplendor
Henchido de brillantez y sosiego,
armonía, agua, y mucha fantasía,
arte, amor, creación y poesía.
Generalife, palacio de verano,
cubierto de perfumes y silencio.
con las flores exhalando fragancia,
el murmullo de agua pura cayendo
sobre las antiguas y bellas fuentes,
fluyendo y corriendo por las acequias.
Componiendo una sinfonía en agua
voluptuosa, que llora con sentimiento,
el clamor y dolor, el de sus antiguos
moradores, que sin querer tuvieron
que perder el encanto de esta belleza.
Que cuando llegó el siglo diecinueve,
después más tarde, principios del veinte,
los poetas, los músicos, pintores,’
y los prosistas, de muchas naciones,
seducidos por tu embrujo han viajado,
para conocer tu magia y belleza,
de tu histórico y brillante pasado.
¡Oh, preciosa Granada, que tu vega
ya riega el agua de Sierra Nevada
Juntos al río Darro y el Genil,
que van a morir al Guadalquivir.
En Granada, todavía se escucha
el afligido llanto y el clamor.
¡Pido Silencio! Señor, que dolor!
¡Los sanguinarios han matado al más
grande y magnánimo de los poetas!
¿Y cuál fue tu delito, Federico?
¡Sentir pena por el dolor humano,
de los menesterosos y olvidados!
Vosotros sádicos sois los culpables,
miserables y viles asesinos,
pues fueron los mismos, que Federico,
también en Granada asesinaron,
a la liberal Mariana Pineda,
solamente por hecho, de bordar
la noble bandera de la libertad.
Aconteció en Granada, en su Granada.
La que Federico inmortalizó
en su valientes obras de teatro.
¿Pero cuáles fueron tus delitos,
defender con tu sensibilidad
la razón, justicia y la libertad,
y que se pueda saber la vedad?
Infernales y mil veces maditos.
Si, fueron los mismos reaccionarios,
los asesinos de siempre, los mismos,
que mataron a Mariana Pineda
con cerca de un siglo de diferencia.
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